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Las Bienaventuranzas: el Corazón del Evangelio.

Adolfo Chércoles, S. J.

Las Bienaventuranzas no son una moral, ni una filosofía, sino que expresan sencillamente la experiencia de Jesús. “Y la experiencia de Jesús como hombre hay que situarla en Nazaret. El pueblo donde vivió toda su vida fue lo decisivo de cara a su experiencia.

Allí vivió como uno de tantos, en la monotonía de un pueblo sin horizontes, con  el aburrimiento que provoca la cotidianidad en un contexto sin expectativas. Solo desde esa situación precaria podía extraer una experiencia válida para toda  persona.

De haber vivido en unas circunstancias privilegiadas, sus experiencias no servirían para la mayoría”.

Pero las Bienaventuranzas no son sin más una experiencia, sino la apuesta, desde esa vida cotidiana y monótona, por aquello en lo que toda persona coincide: ser feliz, la plenitud en la realización personal. Jesús apuesta por nuestra felicidad plena y, por muy paradójico que resulte, nos muestra en las Bienaventuranzas el camino para alcanzarla.